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aula 10: burgueses borges grande conversa

Dois Isidoros, poesias de Jorge Luis Borges

Uma comparação entre dois poemas de Jorge Luis Borges.

Uma comparação entre dois poemas de Jorge Luis Borges, em espanhol.

Inscripción sepulcral

(Para mi bisabuelo, el colonel Isidoro Suárez)

Dilató su valor sobre los Andes.
Contrastó montañas y ejércitos.
La audacia fue costumbre de su espada.
Impuso en la llanura de Junín
término venturoso a la batalla
y a las lanzas del Perú dio sangre española.
Escribió su censo de hazañas
en prosa rígida como clarines belísonos.
Eligió el honroso destierro.
Ahora es un poco de ceniza y de gloria.

Em Fervor de Buenos Aires (1923)

* * *

Isidoro Acevedo

Es verdad que lo ignoro todo sobre él
-salvo los nombres de lugar y las fechas:
fraudes de la palabra-
pero con temerosa piedad he rescatado su último día,
no el que los otros vieron, el suyo,
y quiero distraerme de mi destino para escribirlo.
Adicto a la conversación porteña al diálogo ladino del truco,
alsinista y nacido del buen lado del Arroyo del Medio,
comisario de frutos del país en el mercado antiguo del Once,
comisario de la tercera,
se batió cuando Buenos Aires lo quiso
en Cepeda, en Pavón y en la playa de los Corrales.
Pero mi voz no debe asumir sus batallas,
porque él se las llevó en un sueño esencial final.
Porque lo mismo que otros hombres escriben versos,
hizo mi abuelo un sueño.
Cuando una congestión pulmonar lo estaba arrasando
y la inventiva fiebre le falseó la cara del día,
congregó los archivos de su memoria
para fraguar su sueño.
Esto aconteció en una casa de la calle Serrano,
en el verano ardido del novecientos cinco.
Soñó con dos ejércitos
que entraban en la sombra de una batalla;
enumeró los comandos, las banderas, las unidades.
“Ahora están parlamentando los jefes”, dijo en voz que le oyeron
y quiso incorporarse para verlos.
Hizo leva de pampa:
vio terreno quebrado para que pudiera aferrarse la infantería
y llanura resuelta para que el tirón de la caballería fuera invencible.
Hizo una leva última,
congregó los miles de rostros que el hombre sabe, sin saber,
después de los años:
caras de barba que se estarán desvaneciendo en daguerrotipos,
caras que vivieron junto a la suya en el Puente Alsina y Cepeda.
Entró a saco en sus días
para esa visionaria patriada que necesitaba su fe, no que una
flaqueza le impuso;
juntó un ejército de sombras ecuestres porteñas
para que lo mataran.
Así, en el dormitorio que miraba al jardín,
murió en un sueño por la patria.
En metáfora de viaje me dijeron su muerte; no la creí.
Yo era chico, yo no sabía entonces de muerte, yo era inmortal;
yo lo busqué por muchos días por los cuartos sin luz.

Em Cuaderno San Martín (1929)

* * *

El en poema “Isidoro Acevedo”, publicado en Cuaderno San Martín, antología de 1929, Jorge Luis Borges hace una elegía a su abuelo materno, en cuya casa nasció en 1899. Isidoro Acevedo Laprida muere seis años después, en 1905, y por lo tanto, Borges casi no lo conoció. El poema francamente lo admite: “Es verdad que lo ignoro todo sobre él / – salvo los nombres de lugar y las fechas: / fraudes de la palabra -” Quizás los nombres de lugar y las fechas sean fraudes de la palabra, pero no por eso el poeta deja de citarlos: “Isidoro Acevedo” menciona una fecha (el año 1905, en que muere el protagonista homónimo) y cuatro batallas cruciales de las guerras civiles argentinas: Cepeda (1859), Pavón (1861), Puente Alsina (1880) y Corrales (1880).

Isidoro Acevedo fue un soldado fiel a servicio de la causa unitaria y, por lo tanto, porteña: “se batió cuando Buenos Aires lo quiso”. En Cepeda y Pavón, combatió bajo Bartolomé Mitre contra las fuerzas federalistas del entrerriano Justo José Urquiza. Perdieron la primera pero ganaron la segunda, fortaleciendo así el dominio porteño sobre las provincias. Veinte años más tarde, en 1880, Buenos Aires quiere de nuevo que Isidoro se bata, ahora para establecer la ciudad como la capital de la patria. Aun no sea exactamente una victoria de las armas, la Batalla de Corrales consolida la dominación porteña y encierra las guerras civiles argentinas. Para una familia unitaria, patricia y urbana como la de Borges, no hay duda que ese resultado fue visto como una victoria de la civilización ante la barbarie.

No fue “Isidoro Acevedo” el primer poema que Borges dedicó a un antepasado guerrero. En el libro Fervor de Buenos Aires, escrito seis años antes, en 1923, el poema “Inscripción Sepulcral” es dedicado a la memoria de su bisabuelo materno, Isidoro Suárez, padre de Isidoro Acevedo, veterano de las campañas de independencia y comandante de caballería en Junín (1824), una de las batallas más decisivas de las guerras contra los españoles. En los años cuarenta, Suárez también combatió la dictadura de Rosas y murió en exilio, como dicen las últimas dos líneas del poema: “Eligió el honroso destierro. / Ahora es un poco de ceniza y de gloria.”

Más importantes que las elegías que Borges dedicó a sus antepasados son las hondas diferencias entre ellas. En el primer poema, “Inscripción Sepulcral”, escrito cuando tenía solamente veinte y cuatro años, vemos un joven Borges más deslumbrado con las virtudes viriles y militares de su bisabuelo. La voz narrativa del poema jamás problematiza la guerra o la violencia y utiliza expresiones como “dilató su valor”, “contrastó montañas y ejércitos”, “la audacia fue costumbre de su espada” y “escribió su censo de hazañas” sin ninguna indicación de ironía o de sarcasmo. Sencillo y directo, “Inscripción Sepulcral” es lo que parece a la primera mirada: una celebración de la guerra.

“Isidoro Acevedo”, por lo contrario, aunque escrito solamente seis años después, es mucho más complejo. En una ironía ya característicamente borgiana, el poeta menciona las batallas de su abuelo solamente para añadir que ellas no importan, que conocer sus batallas no equivalía a conocer su persona y que “los nombres de lugar y las fechas” son “fraudes de la memoria.” El poema, lejos de limitarse solamente a una apología de la guerra como “Inscripción Sepulcral”, es una tentativa de rescatar el último día de Isidoro, de penetrar su alma, de comprender los efectos de la guerra en su psique.

Los poemas dedicados a los dos antepasados Isidoros no podrían ser más distintos. Mientras “Inscripción Sepulcral” es una sencilla obra sobre las glorias de la guerra, “Isidoro Acevedo” es un complejo estudio sobre las infinitas posibilidades de construcción de la realidad a través de la memoria, ya anticipando narrativas seminales como “Funes el Memorioso” y “El Milagro Secreto”.

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Esse texto faz parte dos guias de leitura para a décima aula, Burgueses, do meu curso Introdução à Grande Conversa: um passeio pela história do ocidente através da literatura. Esses guias são escritos especialmente para as pessoas alunas, para responder suas dúvidas e ajudar em suas leituras. Entretanto, como acredito que o conhecimento deve ser sempre aberto e que esses textos podem ajudar outras pessoas, também faço questão de também publicá-los aqui no site. Todos os guias de leitura das aulas estão aqui. O curso aconteceu entre julho de 2020 e março de 2021 — quem se inscrever depois dessa data tem acesso aos vídeos das aulas anteriores.

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Dois Isidoros, poesias de Jorge Luis Borges é um texto no site do Alex Castro, publicado no dia 2 de abril de 2021, disponível na URL: alexcastro.com.br/dois-isidoros-poesias-de-borges // Sempre quero saber a opinião de vocês: para falar comigo, deixe um comentário, me escreva ou responda esse email. Se gostou, repasse para as pessoas amigas ou me siga nas redes sociais: Newsletter, Instagram, Facebook, Twitter, Goodreads. // Todos os links de livros levam para Amazon Brasil. Clicando aqui e comprando lá, você apoia meu trabalho e me ajuda a escrever futuros textos. // Tudo o que produzo é sempre graças à generosidade das pessoas mecenas. Se gostou, considere contribuir: alexcastro.com.br/mecenato

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